viernes, 31 de enero de 2014

Tracey Rose (x)

El 29 de Enero me acerqué al Reina Sofía para disfrutar de la inauguración de la nueva exposición temporal que acogerá hasta el 26 de mayo: (x) de Tracey Rose.



Allí tuve el placer de conocer a la arista, poniéndome en el compromiso de comentar su obra sin apenas reflexión.
Una de las obras que más me impactó fue la que más arriba pueden observar: un retorno al vientre materno protector de la vida que en él se alberga.

Mente y materia. Vista y oído. Luz y oscuridad.
Una sala de contraposiciones, enfrentamientos naturales que llevan al espectador a un estado de ensoñación que consigue hacerle olvidar que se encuentra en un museo.


Una sala oscura, en la que únicamente se diferencia la cúpula multicolor situada en el centro, cuyos colores resaltan y parecen surgir de la nada que envuelve todo.

Los materiales industriales de la sala (ladrillo y piedra) aumentan la sensación de materialidad del lugar. Solo la música que surge del interior de la cúpula consigue hacernos olvidar ese materialismo, permitiéndonos disfrutar de creaciones simplemente sensoriales.

Como bien he dicho al principio... una simple cúpula de colores consigue crear todo un debate centrado en la contraposición de argumentos antagonistas.
No todo lo perteneciente a una experiencia estética tiene que ser material: la intangible música ambiental que surge desde su interior, la protección que la cúpula genera a quien se sitúe en su interior...



Continuando por la oscuridad de la sala se alcanza finalmente la ansiada luz.

Un mandala creado con materiales naturales recibe al espectador, creando un choque frontal con los materiales industriales del lugar.
Sobre él, una bola de discoteca, que parece generar todo un universo a su alrededor, aumentando la sensación de inferioridad del individuo.


Dos salas de ladrillo, sumidas en una completa oscuridad, consiguen crear todo un universo de posibilidades (y nunca mejor dicho).


Mente y materia. 
Vista y oído. 
Luz y oscuridad. 
Arte, sin más.



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