lunes, 23 de junio de 2014

"Ringlandschaft mit Bierstrom" - G. Nussbaumer




Como decía Richard Wagner en Die Meistersinger von Nürnberg... 
"Wahn! Wahn! Überall Wahn!"
¡Locura! ¡Locura! ¡Locura por todas partes!

Los días 21 y 22 de Junio he tenido la oportunidad de participar en uno de los proyectos más ambiciosos llevados a cabo en la Comunidad de Madrid: la macro-instalación/performance/concierto/ópera “Ringlandschaft mit Bierstrom” de Georg Nussbaumer, llevada a cabo por lo músicos del Solistenensemble Kaleidoskop en la Sala Verde de los Teatros del Canal.

Un espectáculo de 16 horas de duración en donde se descompone (o recompone) el Ring des Nibelungen compuesto por Richard Wagner a lo largo de más de 25 años.
Lo complejo del concepto impide incluso su clasificación, puesto que consiste en una amalgama de corrientes artísticas que giran en torno a la idea de escenificar creaciones meramente musicales.

(Contenedores Wagnerianos, donde al sumergir
la cabeza, se escuchaba la música original
del anillo Wagneriano)


Musicalmente: un espectáculo complejísimo y difícil de escuchar para oídos inexpertos en las corrientes más vanguardistas/experimentales (o para aquellos que no hubiesen escuchado previamente la obra de Wagner). Sobre la partitura original, Nussbaumer, crea su propia visión del anillo, en donde los principales leitmotivs están presentes de una manera sumamente clara (motivo del anillo, el tema del Valhalla, la forja de los nibelungos, el cuerno de Siegfried...), pero donde el resto de la música aparece reducida a la mínima entidad, con notas largas ejecutadas con todas las técnicas clásicas de la música del siglo XX (Flatterzunge, Mehrklänge, Mikrophon...)
Pero esto no es todo, puesto que una gran parte de la música es una improvisación ejecutada por los músicos sobre la reducción para piano que tienen sobre sus atriles.

Así, se genera un espectáculo en donde la música no es lo más importante, puesto que la improvisación es la técnica más utilizada a lo largo de las 16 horas.



Escénicamente: Un espectáculo muy Stockhausiano (dícese del espectáculo que recuerda a los montajes llevados a cabo por Karlheinz Stockhausen, principalmente los pertenecientes a su ciclo Licht), en donde los músicos estaban situados sobre plataformas metálicas que se desplazaban por el espacio de la sala, y por donde debían deambular los intrépidos espectadores.

Me resultó imposible no recordar el "Atlas, islas de Utopía" compuesto por Sánchez-Verdú y estrenado hace ahora 1 año, en donde también existían varias zonas musicales (en aquel espectáculo concebidas como "islas o espacios simultáneos/obbligati") que el espectador debía recorrer dejándose llevar por lo que cada una de ellas le sugería. 
No obstante, nada tiene que ver esa hora y 10 minutos con las 16 que presenta este planteamiento de Nussbaumer.



Conceptualmente: Una obra dura, en donde es esencial la escucha de su totalidad, puesto que el concepto "viaje" es uno de los principales intereses de la creación.
Los cambios de luces, la niebla, los cambios de temperatura, el desplazamiento de los músicos, el propio desplazamiento del espectador, los efectos ambientales generados por los intérpretes (agitando hojas, soplando botellas llenas de agua...) generan en el espectador la sensación de desplazamiento, largo, como un viaje en coche, pero donde es esencial el detenerse a observar cada nuevo elemento con el que se encuentra. 

El ser yo el único que aguantó todas aquellas horas (a excepción de los músicos), me hace creer que la gran parte de los espectadores no consiguieron entender lo esencial de aguantar en el espacio, luchando contra tu propio cansancio y percibiendo cada ligero cambio en la sala. 

Al igual que en el teatro simbolistas de Maeterlinck (como puede verse, por ejemplo, en sus famosos Ciegos), cada ligero olor, sonido, efecto y movimiento es esencial para comprender lo importante de la relación extrasensorial que se genera en el espectador.

(Hacha con el que se reventaban botes de 
ketchup cada vez que en el texto se mencionaba
la palabra "Blut"/sangre en alemán)

En resumen: Un espectáculo complejísimo, en donde el espectador debía poner en práctica todos los conocimientos que poseía para comprender una música larga y elemental (utilizando el término para designar a la música carente de cualquier tipo de ornamentación), una producción que pese a su estaticidad estaba repleta de referencias al movimiento y al viaje y, lo más importante, un concepto de espectáculo muy complejo y novedoso (o por lo menos en España sigue siéndolo en pleno siglo XXI).



Imágenes (y vídeo) realizas por Aitor Merino Martínez



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