viernes, 15 de abril de 2016

"A falta de mejor nombre..."



De forma paralela a la propia evolución de la sociedad, el arte cambió igualmente de preceptos. La académica teoría mimética dio paso a un arte de mayor carga expresiva. Al arte se preguntó sobre su sentido y utilidad, de ahí la gran cantidad de teorías que aparecieron a finales del S.XVIII.
Los artistas que hoy conocemos como románticos, no tendrían en realidad intereses comunes. Pese a eso, el término sería utilizado para agrupar a todos los artistas que, a finales del S.XVIII, rompieran con los esquemas artísticos occidentales. No es de extrañar que, ante esta realidad, surgieran numerosas definiciones de romanticismo, intentando explicar por qué algunas obras producían mayor emoción que otras.
La no existencia de una taxonomía formal o estilística romántica, dificulta la clasificación de las obras. Por esta razón, el término suele aplicarse a las obras de gran emotividad que rompen con los esquemas previos. El texto pone como ejemplo La cruz de las Montañas de Friedrich, autor de gran devoción protestante, que dota a su obra de gran carga conmovedora pese a lo incorrecto de la escena, o su alejamiento de los textos que le sirven como fuente. La obra representa una nueva actitud frente a la religión, dotando a una escena de paisaje de tanta espiritualidad como a una narración Bíblica, huyendo por el contrario de las características tradicionales de la pintura de paisaje, como la no utilización de la perspectiva aérea.
Cuadros atractivos, impactantes, que juegan con nuevas terminologías filosóficas como lo sublime. Paisajes claros, realistas, hasta cierto punto irreales (puesto que el espectador parece estar flotando sobre la escena)… todo ello diferencias con respecto a la pintura religiosa tradicional. Obras simbólicas, no tanto alegóricas, puesto que no representan visualmente conceptos invisibles, que dificultan la realización de una descripción. Los cuadros parecen presentar preguntar que dejan sin respuesta,  en parte por los elementos utilizados fuera de su uso tradicional (¿qué representa realmente esa cruz? ¿el Gólgota?)… paralelamente, la propia fe viviría todas estas clases de preguntas. 
En otro contexto geográfico, el inglés, los críticos manifestarían su espanto ante las nuevas pinturas de Turner, de quien no desagradaría su tema (puesto que se inspiraría en fuentes pictóricas y literarias), si no su técnica, su forma de pintar: espesas capas de pintura aplicadas abruptamente sobre el lienzo. Pinturas nuevamente simbólicas, en donde la naturaleza salvaje e incontrolable, como en  su Alud en los Grisones, hablaba de la indefensión del hombre en esta moderna sociedad caótica.
No obstante, frente a esta aparente libertad de Friedrich en Alemania y Turner en Inglaterra, encontraríamos pintores como Jean Gros en Francia, quien mantendría el carácter público de su pintura. Así encontraremos pinturas como Napoleón en Eylau, que a diferencia de los casos anteriores se trataría de un encargo oficial. Gros toma un posicionamiento político para la representación de la escena, mostrando a un victorioso y compasivo Napoleón tras la dura guerra acontecida contra los ejércitos del zar. La obra mantenía las características de las tradicionales pinturas de historia, empezando por su gran tamaño (el doble del natural).
No obstante, dicha obra sería creada en un momento de gran control político por parte de Bonaparte. Por el contrario, tras numerosas pérdidas por parte del ejército francés, pintores como Géricault mostrarían una visión más pesimista de la guerra, como el Coracero Herido que se retira de batalla. Una obra de tamaño igualmente colosal, confiriendo un carácter épico a una escena realmente patética.
Algo semejante hará en su Balsa de la Medusa, donde volverá a utilizar el gran tamaño pese a no tratarse de una pintura grandiosa o heroica. En este caso, el sufrimiento humano del hombre se convierte en el tema central de la composición, de ahí la tensión psicológica del tema elegido: la falsa esperanza nacida del avistamiento de un navío por parte de los supervivientes. La obra adquiría un carácter político y universal, puesto que todos los hombres compartían los sentimientos expuestos en el lienzo: la esperanza, la desesperación, el sufrimiento…
Como ya hemos dicho, el gran tamaño convertía el patetismo de la escena en todo un culto al héroe derrotado, al genio no realizado que muere joven e ignorado. Algo semejante hará Goya en el panorama español, como en sus Fusilamientos del Tres de Mayo, donde dirige la simpatía del espectador hacia las pobres víctimas. No obstante, esta obra no representa tal culto al héroe caído, puesto que Goya mantiene un foco de luz, la esperanza de que los fusilados no habían muerto en vano. La atención se desplazaba de los vencedores a los derrotados.
Delacroix también mantendría características del “gran estilo”, sólo que incorporando nuevas innovaciones. Así lo vemos, por ejemplo, en su Dante y Virgilio, en donde incorpora grandes dinámicas, una denotada sensualidad en los cuerpos desnudos retorcidos… Gros la alabará, al contrario que su posterior Matanza de Quíos.



Otro aspecto reseñable de la pintura de Gros es la gran incorporación de figuración humana para la proclamación de un único mensaje. Así lo vemos, por ejemplo, en Los apestados de Jaffa, en la que se utiliza  un gran número de figuras para la defensa de un mensaje político-didáctico. Un Napoleón victorioso, inmune a la enfermedad que mantiene separados dichos apestados del resto de la sociedad. Por el contrario, en la ya mencionada Matanza de Quíos, Delacroix muestra una simpatía hacia los griegos durante la Guerra de Independencia frente a los turcos, pero sin ningún trasfondo moral.


No obstante, frente a las innovaciones que aporta Delacroix en dicho cuadro, como la falta de equilibrio o centro de la composición, encontraremos la figura de Ingres, fiel defensor de los principios clásicos de equilibrio, claridad, serenidad… Así lo vemos en obras como La Apoteosis de Homero. Delacroix, por el contrario, pese a utilizar temas clásicos, como en La Muerte de Sardanápalo, crea obras puramente románticas, de gran ligereza, volátiles, desjerarquizadas, desordenada, desenfrenadas… 

Universidad Autónoma de Madrid

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